Muchas veces se ha cuestionado el hecho de que algunos docentes no logran adecuarse plenamente a los cambios tecnológicos derivados de los avances de fines del milenio pasado a la actualidad en materia de TICs y su uso como herramientas educativas efectivas.
Ello muchas veces justificado con la frase popular: no hay edad para aprender. Si bien es un pensamiento positivo que busca el no discriminar a las personas y dar oportunidad tanto a niños, jóvenes y personas de edad avanzada, la verdadera razón del por qué hay personas que logran integrar o no las nuevas tecnologías a su día a día obedecería, en mi opinión personal a tres factores:
1. Habilidades sensoriales y motrices: personas que cuenten con buena visión, reflejos y digitación, tendrán mayor facilidad para emplear las nuevas TIC; mientras que personas que poseen visión limitada, reflejos lentos y no lograron aprender digitación (i.e.: mecanografía), les resultará más complicado lograr emplear las nuevas tecnologías.
2. Edad en la cual se experimenta con la tecnología: Prácticamente, los niños de ahora comienzan a interactuar con teclados o
pantallas táctiles desde muy chicos, lo cual les ayuda a desarrollar
habilidades que se van fortaleciendo conforme crecen. En cambio, muchos
de nuestros padres y abuelitos no contaron con esa oportunidad y recién
en una edad entre cuarenta y cincuenta años, lograron saber lo que es un
teclado.
3. Actitud: ya sea que tengas todo el potencial para aprender desde muy joven o que tengas una edad avanzada con ciertas limitaciones, lo que realmente definirá el aprendizaje o no del uso de las TIC es la actitud.
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